SALAS HISTÓRICAS CRONOLÓGICAS
UN ESPACIO PARA EL REENCUENTRO
(se reproduce el texto original del dá del Reencuentro)
Después de 18 meses acompañándonos a la distancia, nos reencontramos físicamente en nuestras instalaciones. De marzo de 2020 a septiembre 2021 fue el año largo de la Covid 19. No estuvimos lejos, pero tampoco compartimos nuestros espacios habituales. A lo largo de 18 meses el Colegio Madrid se mudó a los hogares de cada uno de nosotros, lo recibimos con mucho gusto, siempre será bienvenido, pero hoy regresamos a nuestra casa común. Extrañamos mucho sus aulas, sus laboratorios, sus patios de recreo y explanadas, sus canchas deportivas, sus bancas y mesas para tomar nuestros alimentos. Pero, sobre todo, extrañamos los cuerpos de quienes habitábamos esos espacios. Los extrañábamos a ustedes.Nos extrañamos todos.
Siempre supimos que la escuela es un espacio físico y emocional de construcción y convivencia; hoy sabemos que también es un poderoso espacio para ser, hacer y reconocer. Qué importante es vernos a los ojos sin la mediación de la virtualidad: los brillos, las humedades, los matices de colores y de formas de los ojos vivos, son información esencial para conocernos y reconocernos. Aunque no podremos abrazarnos con los brazos, nos abrazaremos con las miradas.
Qué importante es volver a estar juntos presencialmente; qué importante es sentir la comunidad reunida en personas con rostro y cuerpo; qué importante es ser y estar juntos.
Muchos de nosotros todavía tendremos que esperar para reunirnos; aquí estaremos para cuando les sea posible.
La comunidad del Colegio Madrid es una cuenca hídrica, donde todas y cada uno de nosotras y nosotros fluye, como gotas de agua, de manera autónoma, pero en un concierto comunitario, construyendo vida.
El nuevo espacio de memoria “Reencuentro”, retoma esta cuenca en un espejo de agua, sustentado en un lecho de rocas con nuestros mensajes, nuestros pensamientos. Al centro una isla, nuestra utopía, nuestro futuro, nuestro rumbo, que mediante un árbol nos abraza a todas y todos, nos comprende y nos comprehende. Un tejocote, un árbol frutal que, como los individuos, florecemos y fructificamos; nos construimos acompañados del otro.
El espacio de memoria “Reencuentro” se completa con el poema de Rosarios Castellanos, de quien nos apropiamos sus palabras:
Aquí tienes mi mano, la que se levantó
de la tierra, colmada como espiga en agosto.
Aquí están mis sentidos
de red afortunada,
mi corazón, lugar de las hogueras,
y mi cuerpo que siempre me acompaña.
He venido, feliz como los ríos,
cantando bajo un cielo de sauces y de álamos
hasta este mar de amor hermoso y grande.
Yo ya no espero, vivo.
